lunes, 1 de diciembre de 2008

Dia Mundial del Sida - Protección laboral reforzada


Hoy primero de diciembre es el día mundial del SIDA. Esto de los días mundiales ha llevado casi a que la gente tenga, al menos los periodistas, un calendario alterno como el de los santorales y si ayer era San Jerónimo hoy será San Asdrubal. Los días también pueden ser el de las profesiones y si hoy es el día del odontólogo mañana será el del ingeniero y pasado mañana el del auxiliar de vuelo o del profesor.

Sin embargo, los días con causa como el del SIDA pueden tener una buena finalidad, la de pensar en qué esta pasando con la enfermedad más famosa después del cáncer, la de hablar sobre el asunto y la de reflexionar sobre esta pandemia que afecta a más de 33 millones de personas en el mundo. En el año 2008 se cumplen 20 años de la celebración de este día que fue propuesto por la Organización de Naciones Unidas en 1988. La reducción de la enfermedad forma parte de las Metas del Milenio para el 2015 (objetivo 6). La investigación continua pero todavía no se tiene la vacuna o la cura definitiva.

Según información del periódico El Tiempo y de ONUSIDA la prevención es el mejor mecanismo contra la enfermedad a través de la al test o de la prueba de VIH que muchas veces ni siquiera se considera como parte del Plan Obligatorio de Salud (POS). La discriminación y la estigmatización del enfermo y los costos de los medicamentos retrovirales por las patentes siguen siendo los principales problemas de la lucha contra la enfermedad y sus consecuencias en Colombia en donde se estima que hay más de 170.000 casos registrados.

La Corte constitucional colombiana ha tenido que resolver tutelas relacionadas con el SIDA en situaciones laborales. Estas tutelas se dirigen a proteger el derecho al trabajo con base en el principio de protección general de la diginidad de la persona humana, el principio de no discriminación e igualdad y el derecho a la salud en conexidad con la vida. Por ejemplo con la sentencia T - 993 de 2002 (M.P. Margo Gerardo Monroy Cabra) en donde una enfermera que no tenía contrato de trabajo alega la protección de su derecho a la salud y a la seguridad social por ríesgos profesionales al alegar que contrajo la enfermedad por un pinchazo accidental con una jeringa al atender a enfermos de sida en una fudación. Del mismo modo la sentencia T - 469 de 2004 (M.P. Rodrigo Escobar Gil) en donde se presentó el caso de la terminación del contrato de una trabajadora con SIDA por este solo hecho, sin probar el empleador condiciones objetivas que dierán lugar a la disolución de la relación laboral, violando de esta manera los derechos al trabajo, a la diginidad de la persona humana y a la vida, situación que se repite en la Sentencia T - 238 de 2008 (M.P. Mauricio Gónzalez Cuervo) que indica lo siguiente en materia de la protección laboral reforzada del enfemo de SIDA:

5.4. La especial protección constitucional a los portadores del virus de inmunodeficiencia humana, VIH-SIDA.

5.4.1. Las personas que padecen del virus de inmunodeficiencia humana son titulares tanto de los derechos consagrados en los tratados internacionales de derechos humanos, como de los derechos fundamentales establecidos en la Carta de 1991. Su enfermedad las hace particularmente vulnerables a todo tipo de segregación y a la violación de su dignidad, por lo que la legislación nacional y la jurisprudencia constitucional han considerado que las personas infectadas con el virus de inmunodeficiencia humana, son una población vulnerable, sujeta a una especial protección constitucional.

5.4.2. En materia laboral, la discriminación en razón de este padecimiento, coloca al enfermo de VIH/SIDA, en una difícil situación económica y social, pudiendo llegar a afectar con ello sus derechos a la vida, a la salud[1], a la seguridad social y al trabajo. Es por ello, que el Estado, las empresas, - que tienen una función social de acuerdo al artículo 333 de la Carta-, y los miembros de la comunidad, tienen unos deberes positivos orientados a responder solidariamente con acciones humanitarias a favor de las personas en condiciones de debilidad manifiesta[2].

La adopción de medidas de apoyo, la promoción de un ambiente de trabajo no discriminatorio, la prohibición de exigir pruebas tendientes a determinar si una persona ha sido contagiada o no por el VIH para acceder o permanecer en una actividad laboral, el acondicionamiento del lugar de trabajo del empleado con VIH, el otorgamiento de permisos para asistir a controles médicos y la permanencia de la persona infectada en su actividad laboral, son recomendaciones señaladas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en estos casos, muchas de las cuales han sido acogidas en nuestro ordenamiento jurídico[3].

El Decreto 1543 de 1997 “por el cual se reglamenta el manejo de la infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) y las otras Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS)” señala que con el propósito de evitar la discriminación de la población infectada por este virus y de sus familias, no se les podrá negar a esta personas “el acceso a cualquier actividad laboral o su permanencia en la misma”[4]. De manera particular, este decreto hace referencia a la situación laboral de los portadores del virus de inmunodeficiencia humana indicando, que:

“Artículo 35. Situación laboral. Los servidores públicos y trabajadores privados no están obligados a informar a sus empleadores su condición de infectados por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). En todo caso se garantizarán los derechos de los trabajadores de acuerdo con las disposiciones legales de carácter laboral correspondientes.

Parágrafo 1º. Quienes decidan voluntariamente comunicar su estado de infección a su empleador, éste deberá brindar las oportunidades y garantías laborales de acuerdo a su capacidad para reubicarles en caso de ser necesario, conservando su condición laboral.

Parágrafo 2º. El hecho de que una persona esté infectada con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VlH) o haya desarrollado alguna enfermedad asociada al Síndrome de lnmunodeficiencia Adquirida (SIDA), no será causal de despido sin perjuicio de que conforme al vínculo laboral, se apliquen las disposiciones respectivas relacionadas al reconocimiento de la pensión de invalidez por pérdida de la capacidad laboral.” (Subrayado fuera de texto original).

5.4.3. La jurisprudencia constitucional ha consolidado a su vez, una línea jurisprudencial relacionada con los portadores de VIH/SIDA en materia laboral. En efecto, ha establecido que no existe por parte del empleado portador de VIH una obligación legal de comunicar a su empleador su condición[5], y le está prohibido a éste, exigir la prueba de VIH para acceder o permanecer en una actividad laboral[6]. En el mismo sentido, la Corte ha afirmado que no hay lugar a considerar amenazados o vulnerados los derechos fundamentales de la persona infectada, si se prueba que el empleador no tenía conocimiento de la enfermedad del trabajador al terminar la relación laboral[7] o que la motivación que originó la desvinculación, no guarda relación alguna con su padecimiento, sino que existen con otras circunstancias objetivas que legitiman el proceder del empleador[8].

En ese orden de ideas, sólo “[c]uando se comprueba que la causa del despido fue en realidad el estado de salud del accionante, (…) la desvinculación configura una discriminación, frente a la cual procede la tutela como mecanismo de protección.”[9]. Bajo tal consideración, la Corte Constitucional ha protegido a personas infectadas con VIH cuando ha constatado que la razón de su despido se debió a su estado de salud[10], e igualmente ha negado el amparo, cuando no existe una relación de causalidad entre la terminación del contrato y la condición del trabajador.[11] A su vez, en atención al deber de solidaridad, la protección constitucional de las personas con VIH/SIDA ha llevado a que se les exija a los empleadores, la obligación de mantener al trabajador infectado en su trabajo o trasladarlo a otro similar que implique menos riesgos[12], salvo que ello desborde la carga que debe asumir el empleador en los términos previamente expuestos[13].

5.4.4. En suma, un trabajador que se encuentra en situación de debilidad manifiesta por VIH/SIDA, goza de una estabilidad laboral reforzada. De esta forma, un empleador, en atención a la ley y a los deberes constitucionales enunciados, está obligado a respetar la dignidad humana de su trabajador y a no discriminar. Por ello, debe renovar el contrato laboral de su trabajador o no terminarlo, si subsiste la necesidad laboral y si éste se desempeñó efectivamente en su trabajo, so pena de que se presuma discriminación, por lo que debe probar una razón objetiva más allá del término legal de finalización del contrato, para justificar la no renovación o la terminación contractual. Además, en atención a su deber de solidaridad, si el trabajador se encuentra enfermo, el empleador debe intentar su traslado a otro lugar de trabajo más favorable, a menos que objetivamente demuestre que ello constituye una carga exorbitante para él.


[1] Sentencia T- 465 de 2003. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa

[2] Sentencia T-469 de 2004. M.P. Rodrigo Escobar Gil

[3] Ibídem.

[4] Decreto 1543 de 1997, artículo 39.

[5] Sentencia T-826 de 1999 M.P. José Gregorio Hernández Galindo.

[6] Sentencia SU-256 de 1996. Ver entre otras, las sentencias su-645 de 1997 MP: Fabio Morón Díaz; T-136 de 2000 M.P. Carlos Gaviria Díaz; T-519 de 2003 M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; T-530 de 2005. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa, T-513 de 2006 M.P. Álvaro Tafur Gálvis.

[7] Ver la sentencia T-826 de 1999. M.P. José Gregorio Hernández Galindo y T-934 de 2005 M.P. Alfredo Beltrán Sierra. Cfr. cita 57.

[8]En la sentencia T-066 de 2000 M.P. Alfredo Beltrán Sierra, la Corte se abstuvo de proteger los derechos fundamentales a la salud y a la seguridad social de la actora portadora de VIH, toda vez que la empresa accionada demostró que la terminación del contrato de trabajo a término indefinido tuvo como fundamento la actitud negativa y omisiva de la actora en el desempeño de sus labores. Ver la sentencia T-1215 de 2005 M.P. Jaime Córdoba Triviño; T-739 de 2005 M.P. Álvaro Tafur Gálvis.

[9] Sentencia T-992 de 2007 M.P. Manuel José Cepeda Espinosa. Ver entre otras las sentencias T-943 de 1999, M.P. Carlos Gaviria; T-519 de 2003, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; T-066 de 2000 M.P. Alfredo Beltrán Sierra y

[10] Sentencia SU-256 de 1996 M.P. Vladimiro Naranjo Mesa. En este caso se concedió la tutela interpuesta por un portador de VIH a quien el empleador, al haber conocido su estado de salud, despidió supuestamente sin justa causa, y luego indemnizó en los términos pactados por las partes en una conciliación. La Corte concedió la tutela al encontrar que no se trataba de un despido ‘sin justa causa’, sino fruto de la discriminación de la empresa por el hecho de que el empleado era portador del VIH/SIDA. En la sentencia T-469 de 2004 M.P. Rodrigo Escobar Gil, la Corte protegió a una mujer que padecía el virus de VIH y ordenó reintegrarla a su trabajo porque la empresa no logró probar que existía una causa objetiva, distinta de la enfermedad de la accionante, por la cual no renovó el contrato de trabajo a término fijo. En la sentencia T-136 de 2000 M.P. Carlos Gaviria Díaz, esta Corporación protegió la dignidad de una mujer infectada con VIH, así como sus derechos fundamentales a la igualdad, al trabajo, a la salud y a la seguridad social, ordenándole al empleador que la mantuviera en su cargo, preservándole de paso su vinculación al sistema nacional de seguridad social en calidad de aportante. En la sentencia T-993 de 2002 M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra, esta Corporación ordenó al empleador continuar asumiendo los costos de los servicios médicos y los medicamentos que se le venían suministrando, mientras se definía la naturaleza jurídica de la relación laboral y si el contagio con el virus de inmunodeficienficia humana tuvo origen profesional.

[11] Sentencia T-826 de 1999. M.P. José Gregorio Hernández Galindo. En este caso se negó la tutela a una persona contagiada con VIH que había sido despedida, porque no había prueba de que el empleador supiera de la enfermedad del trabajador. Para la Corte, “(…) lo que resulta reprochable desde el punto de vista constitucional no es el despido en sí mismo —al que puede acudir todo patrono siempre que lo haga en los términos y con los requisitos fijados por la ley— sino la circunstancia —que debe ser probada— de que la terminación unilateral del contrato por parte del patrono haya tenido origen precisamente en que el empleado esté afectado por el virus o padezca el síndrome del que se trata (SIDA).” En la sentencia T-434 de 2002 MP. Rodrigo Escobar Gil se negó la tutela a una persona portadora de VIH a quien la empresa despidió unilateralmente, pues se demostró que durante más de un año, después de el aviso de la enfermedad, la empresa había apoyado solidariamente al accionante, y que el despido se debió a una reestructuración empresarial en la que se suprimió el cargo del accionante. En la sentencia T-739 de 2005. M.P. Álvaro Tafur Gálvis se reiteró que lo que se reprocha desde el punto de vista constitucional, en lo que tiene que ver con personas con VIH, no es el despido en sí mismo -al que puede acudir todo patrono siempre que lo haga en los términos y con los requisitos fijados por la ley- sino la circunstancia -que debe ser probada- de que la terminación unilateral del contrato por parte del patrono haya tenido origen precisamente en que el empleado esté infectado con el virus VIH o padezca de SIDA. La sentencia T-434 de 2002. M.P. Rodrigo Escobar Gil, se consideró que el empleador había obrado con solidaridad, al darle al trabajador la licencia remunerada de año y medio de trabajo por lo que consideró que sería una aplicación desmesurada del principio de solidaridad ordenar al empleador que afilie nuevamente a su ex trabajador que padecía de SIDA, ya que toda la familia se encontraba infectada con el virus, y el régimen subsidiado podía asumir la carga de prestarle este servicio a quienes carecen de capacidad económica para acudir en calidad de aportantes.

[12] Ver también las sentencias SU- 256 de 1996, T-1040 de 2001, T-519 de 2003, MP: Marco Gerardo Monroy Cabra.

[13] En la sentencia T-826 de 1999 se dijo que la solidaridad implica una carga para el empleador, por lo cual el alcance constitucional de la protección especial depende de las circunstancias que éste alegue y muestre.


domingo, 30 de noviembre de 2008

Entrevista Dr. Hinestrosa en el Espectador

La gente no ha aprendido a ser libre o a respetar al otro”

Por: Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador
El profesor Fernando Hinestrosa cumplió hace poco 45 años en la rectoría de la Universidad Externado, un récord difícil de igualar. Contesta preguntas sobre las similitudes entre la época de Núñez y la política de ahora. Asegura que a muchos les parece “lo más natural” la exaltación del autoritarismo y no pueden aceptar un Estado tolerante y respetuoso de las diferencias.

Fernando Hinestrosa
Foto: Gabriel Aponte - El Espectador
Su orgullo es “haber alcanzado el respeto y el aprecio de la ciudadanía y de los medios académicos, dentro y fuera de mi país”.

Se requiere la más sólida resistencia y formación humanista para aguantar 45 años en el mismo cargo. Sobre todo, si se trata de uno que, aunque en apariencia sea sosegado, conlleve tantos problemas como la dirección y manejo de una universidad. No hay que buscar en las estadísticas del área para deducir que Fernando Hinestrosa, ex ministro de Justicia de Carlos Lleras Restrepo, ex embajador en Roma, miembro de varias academias de Historia y de la Lengua, y colegiado y ex presidente de las más renombradas asociaciones de juristas del mundo, ostenta el récord de permanencia en la rectoría de un centro universitario.

El suceso fue celebrado sin ostentación ni invitados extraños hace unos días, en el campus del Externado y solo con estudiantes, profesores y ex alumnos. Entre estos, muchos ilustres personajes que dentro de la universidad no tienen otro título que el de condiscípulos de la comunidad académica: los más prestigiosos abogados de la actualidad; ministros de Estado, gobernadores, alcaldes, parlamentarios, procuradores, magistrados de las altas cortes y fiscales. El peso de la Historia también estuvo presente con aquellos que soportaron la persecución política en diferentes épocas, por el ‘delito’ de defender las libertades: los mandatarios de Estado Santiago Pérez, Salvador Camacho Roldán, Froilán Largacha; y luego, Alberto Lleras y el venezolano Raúl Leoni, entre otros.

Sin embargo, ése no es el orgullo del profesor Hinestrosa. Es uno más elemental: “haber alcanzado el respeto y el aprecio de la ciudadanía y de los distintos medios académicos, dentro y fuera de mi país”, como respondió a un interrogante que le planteé. Todos quienes lo conocen saben que detrás de su talante siempre cordial, existe una personalidad recia y sin complacencias elásticas en materia de principios. Por eso no es extraño que, pese a que guarde prudente silencio frente a algunos temas políticos, su comportamiento profesional indique distancia y profundo desacuerdo con ciertos acontecimientos nacionales. En esta entrevista no traspasa el límite de la prudencia y varias veces me contestó con su silencio. Pero es claro que aplicó el dicho aquel que inicia con la siguiente frase: “a buen entendedor…”.

Cecilia Orozco Tascón.- La fundación del Externado, hace 122 años, estuvo ligada al liberalismo Radical, y surgió como reacción a la dictadura de Núñez. Éste, en un discurso de 1885 dijo que “las repúblicas deben ser autoritarias so pena de incidir en permanente desorden y aniquilarse en vez de progresar”. Muchos analistas ven similitudes entre esa época y la de ahora ¿Usted también?

Rector Fernando Hinestrosa.- Me pregunta usted por la creación del Externado. Desde los propios albores de la república independiente de la Nueva Granada, se planteó una contraposición de filosofías y concepción del mundo: centralismo y autoritarismo (versus) autonomía y libertad. Ésa fue la primera guerra civil: las provincias unidas (contra) el centralismo de Santa Fe de Bogotá. Esto se ha mantenido. Los periodos de libertad y de autonomía han sido más breves que los del autoritarismo. La solución de puño fuerte, mano dura, es la que más le gusta al que tiene el poder, para quien las disidencias son subversivas, incómodas y vuelven ingobernable al país. Aquí se ha tejido la leyenda negra de la federación y el Radicalismo. Los males de la República se le atribuyen a la Constitución del 63, de la que se ha hecho mofa. No paran las abalanzas a Núñez, y hablan de él como de quien rescató la unidad del país y de Caro, como de quien metió a las disidencias y ‘guerrillas’, en cintura.

C.O.T.- ¿Por qué cree que unos ‘notables’ políticos de hoy critican la Constitución del 63 y parecen tener nostalgia de Núñez?

R.F.H.- La Constitución del 63 que sustituyó a la Confederación Granadina del 58 tiene que ser analizada a la luz de las circunstancias. Mosquera, arbitrario, dictador de suyo, era el jefe de los ejércitos revolucionarios triunfantes. La Convención de Rionegro tenía que controlarlo. Veía el peligro, que se realizó en su nueva Presidencia. Y hubo de ser depuesto en 1867. Hay que analizar algunas de las cláusulas del 63 que contenían tesis excesivas en cuanto a la soberanía de los estados. El resto, es el periodo radical de impulso a la educación; autonomía de las regiones, de las provincias, de los estados, y por consiguiente de las personas; de desarrollo económico, vías y medios de comunicación, creación de bancos, fomento de la riqueza, y laicismo. El Partido Conservador, con su actitud intransigente, no podía permitir la educación laica ni la autonomía, como no fuera la de Antioquia, donde era mayoría. Vino la guerra del 76 - llamada religiosa - que fue derrotada. Pero ya allí, Murrillo Toro presentía lo que vendría: un Núñez que siempre prefería eliminar a sus contendores, maltratarlos, derrotarlos al costo que fuera. Jugadas políticas – como las que hemos visto en tantas oportunidades en época reciente - conducen a la Presidencia a Julián Trujillo, que le abrió el campo a Núñez. Éste, ya Presidente, entró a ejercer su desquite con los liberales radicales que le habían cerrado el paso y se entregó a los conservadores. Vino la terrible guerra del 85 con su más desastrosa operación…

C.O.T.- Se refiere al triunfo de Núñez y a la derrota de los radicales en la Batalla de la Humareda…

R.F.H.- Así es. Fue un yerro inexplicable. En lugar de dejar a los ejércitos conservadores en la selva, se expusieron (los radicales) a ser carne de cañón. Allí se acabó la revolución y perecieron cuántos, y cuántas figuras. Qué satisfacción para Núñez, quien al saber el resultado de la Humareda dijo la frase: “la Constitución de Rionegro ha dejado de existir”. Pensemos en lo qué significa un gobernante derogando por medio de un discurso la Constitución, para enseguida presentar las bases de una nueva, autoritaria, que establecía un régimen cesaropapista con el apoyo irrestricto de Caro. La iglesia en todas sus manifestaciones, cogobernaba, por no decir, gobernaba. El punto central era la eliminación de todas las libertades: la de expresión, la de comunicación, la de educación, la de conciencia. El partido Radical fue derrotado, humillado, perseguido. Esa era la situación.

C.O.T.- ¿Cómo nace, entonces, el Externado?

R.F.H.- Como una respuesta al absolutismo. Hubo expulsión de profesores de la Universidad Nacional y del Colegio del Rosario; orden de inspección de textos, y exigencia de aprobación del profesorado y textos por parte de la respectiva autoridad eclesiástica en todos los establecimientos públicos de educación. Vino 1886. Nicolás Pinzón, abogado, escritor y periodista, y quien había participado en la guerra del 76, funda una institución autónoma que se llamó Externado porque para entonces en Francia y Alemania existía la corriente de educación abierta, frente al colegio de puerta cerrada. Convoca a los profesores expulsados para darles oportunidad a ellos y a los hijos de los liberales, con los principios de solidaridad absoluta, espíritu de cuerpo y compromiso con la libertad de educación. El 15 de febrero de ese año comienza a andar la idea. El plan de estudios se concibió como positivista, abierto, con idiomas, matemáticas, contabilidad, etc., y con la carrera de Derecho y bachillerato, que en ese entonces se llamaba literatura.

C.O.T.- Su propia familia fue protagonista de esa historia. ¿Fue perseguida?

R.F.H.- Todos los radicales fueron perseguidos. Entre ellos estaba mi padre. Mi abuelo, que había sido alcalde de Bogotá a los 22 años, tenía prestancia dentro del partido. Entonces mi padre fue objeto de mayor encono.

C.O.T.- ¿La propia universidad sufrió persecución?

R.F.H. Sí. Mi padre me dio cuenta de ocasiones en que la policía llegó a la puerta del Externado con la intención de suspensión. Expresión de esa época es el destierro de don Santiago Pérez, para entonces rector del Externado. Muerto el doctor Pinzón, palideció la universidad. Y desde 1895 vinieron a ocupar su lugar otras instituciones, ante todo, la Universidad Republicana, hasta 1918. Estudiantes y profesores le pidieron entonces a Diego Mendoza Pérez que asumiera la rectoría. Y así renació el Externado con su culto a la libertad, a la democracia y a la ética radical. Pero en épocas más recientes, en el año 53, otra vez pensamos que se iba acabar la universidad porque sentimos de nuevo la persecución del régimen del momento. Muchas familias liberales decidieron, por eso, enviar a sus hijos a otras instituciones donde podían tener protección.

C.O.T.- ¿Quisieron pasar de agache, como se dice vulgarmente?

R.F.H.- No digo más.

C.O.T.- Regreso al presente, y vuelvo a la pregunta inicial: ¿Qué relación establece entre esas duras épocas y la de ahora, cuando se promueven nostalgias por Núñez?

R.F.H.- En general, el mundo está en un periodo adverso y perverso de reescribir la historia. La del siglo XIX del periodo radical fue reescrita por los victoriosos. Es como la historia de Roma escrita por los cristianos. Un ministro japonés acaba de caer porque quiso reescribir la historia del Japón en la Segunda Guerra Mundial. En Italia, el régimen ha venido haciendo lo mismo para poder pintar a Mussolini como inocente. Es la historia de la historia contada por los gatos que, a su manera, resultan inclusive vegetarianos.

C.O.T.- ¿Será que estamos regresando realmente al pasado?

R.F.H.- La nostalgia del autoritarismo, del conductor, del Duce, es una manía muy incrustada. El respeto a la individualidad se ve como perverso y malsano. Lo que importa es el rebaño. Por eso, el símil del pastor y la grey es universal se emplea en religión, en política, en la familia. El autoritarismo exalta al ‘pater’, al ‘padre de la patria’, al ‘salvador’. Cuando hay dificultades, incertidumbre e inseguridad, se busca refugio.

C.O.T.- ¿Por qué parece el país patinar siempre en esa fórmula?

R.F.H.- El credo de libertad, el culto a la democracia de autonomía, es difícil. Así como la gente prefiere la recomendación y la intriga al concurso, prefiere la solución fácil del caudillo, a la autonomía. Y es muy fácil desacreditar la democracia diciendo que es ingobernable. Entonces, vamos todos tras del flautista de Hamelin.

C.O.T.- ¿Lo estamos haciendo hoy?

R.F.H.- (Silencio)

C.O.T.- Hay ciertas similitudes que he notado en detalles en uno y otro tiempo. Por ejemplo, en la época de Núñez se hablaba de…

R.F.H.- … Regeneración o catástrofe…

C.O.T.- Sí señor. A mí me suena a catástrofe y a hecatombe.

R.F.H.- Uno no puede, con toda sinceridad, asimilar criterios. Yo veo otras maneras de restringir libertades, distintas de la fuerza de antaño. Claro que entonces no fue solamente la fuerza sino la compra de conciencias con contratos, con favores a los áulicos. El caricaturista de la época pintó en una escena, el árbol de la Regeneración. De ahí caían las bellotas y los cerdos las comían. Pero hoy, existen otros factores muy distintos.

C.O.T.- ¿Cuáles?

R. F.H.- Hay algo muy significativo: el siglo XX, que fue el siglo del totalitarismo -y muchas de las expresiones que yo pueda usar están marcadas por ese signo de la persecución y el exterminio del contendor-, concluye con un grito de libertad y de consideración de los derechos humanos. El lema de derechos respecto de la dignidad humana, ha avanzado enormemente. Hoy no se puede vulnerar derecho fundamental, y menos masivamente, sin que todo el mundo se entere de ello. Los medios de comunicación y la posibilidad de que simultáneamente en todas partes esté la escena de la violación, así como la existencia de grupos militantes de los derechos humanos, establecen la diferencia porque hay sensibilidad y solidaridad.

C.O.T.- ¿Disminuyen las violaciones por el control externo?

R.F.H.- No me refiero solo al ‘coco’ de la Corte de justicia internacional, sino a algo más espectacular: los diversos mecanismos de denuncia. Claro, se pueden mencionar unas cuántas excepciones y están ahí a la vista. Pero hoy, las posibilidades de defensa individual y colectiva de las libertades son mucho mayores.

C.O.T.- Aún así, no deja de haber síntomas preocupantes en el país. Por ejemplo, el regreso a la educación religiosa obligatoria. ¿No es ése un retroceso en el tema de la tolerancia?

R.F.H.- En muchos puntos, la gente no ha aprendido a ser libre o a respetar al otro. Cree que imponerles a los otros su ideología o su fe, es su derecho; y que la proclama de la libertad, comenzando por la de conciencia, es malsana y no debe ser permitida; en cambio opina que debe haber una ortodoxia, una religión oficial, así no confiese su nombre, como también una ortodoxia política que viene con la reescritura de la historia. Cuánta gente que no llegó a aprender la libertad; que no sabe ni puede aceptar lo que es un Estado laico, tolerante, respetuoso de las diferencias de los ciudadanos, le parece lo más natural la exaltación del autoritarismo. El laicismo no es hostilidad ni persecución de la religión, sino respeto por la libertad de conciencia, que está por encima de la libertad religiosa.

C.O.T.- Es paradójico que mientras el mundo avanza en la cultura de derechos humanos en el mundo, en Colombia poco nos preocupemos por las libertades o por las instituciones ¿Hay un retroceso o un estancamiento en esa materia?

R.F.H.- Cuando hay peligros, amenazas grandes, la gente va a lo que considera fundamental en su existencia y está dispuesta a pagar el precio que sea. Lo hemos vimos en las preguerras; en los conflictos de guerra fría y en los internos en los distintos países y continentes: la eliminación del enemigo o de la amenaza, están por encima de todo. Después vendrán las amnistías, las leyes de perdón y olvido. No es de sorprender que pase como en la fábula de Michín: “mamita dame palo pero dame qué comer”. Aquí decimos “dame seguridad y estabilidad pero dame tranquilidad”.

C.O.T.- Por tener seguridad ¿Cree, como algunos analistas lo piensan, que el país ha retrocedido muchos años de fortalecimiento en instituciones?

R.F.H.- En materia de fortalecimiento de las instituciones, sí pero con toda sinceridad, para mí es significativo el hecho de que, así sea por razones diferentes, hayan llevado a un punto de unidad nacional en cuanto a la censura de las violaciones vergonzosas de los derechos humanos a las que hemos asistido. Celebro que se hayan reconocido recientemente y espero que eso marque un hito.

C.O.T.- Alguien dijo de usted, que era el último radical. ¿Le gusta o le molesta ese título?

R.F.H.- Me molesta el término ‘último’ porque nunca ha sido fácil mantener nuestros principios y valores en medio de las tormentas, pero, al mismo tiempo, son muchos los que sienten nostalgia o vergüenza de no haberlos practicado. Algunos dicen que somos altaneros. No es cierto. Somos altivos que es diferente, porque nuestra columna vertebral son los principios.

C.O.T.- ¿Es cierto que el Externado es muy estricto, incluso con sus ex alumnos?

R-F.H.- Hay un punto que siempre resalto y es que en el Externado hay una marca de fábrica. Somos una comunidad de personas libres que coincidimos en los principios ideológicos, éticos, cívicos, pero no somos una cofradía. Nos entendemos, nos respetamos; somos solidarios y también vigilantes. A mí me la cobraron recientemente por haber dicho que la gente del Externado, no por ninguna orientación de nadie, sino como una reacción espontánea, no perdona las faltas a la honradez, al carácter, o al temple nuestro. Respetamos al otro pero no le alcahueteamos a nadie.

C.O.T.- ¿A quién se refiere?

R.F.H.- Solo le digo que quienes han escalado a lo largo de nuestra historia, posiciones altas del Estado en las distintas ramas del poder, que es lo más visible, lo han hecho por sus propios méritos, no por movimientos solidarios, o acciones de la universidad. Y no estoy comparándome con nadie. (sonrisa).

C.O.T.- ¿El Partido Liberal de hoy representa a los radicales de entonces?

R.F.H.- Mucho me temo que no.

“Desdén por el poder”

Alfonso Gómez Méndez, alumno y profesor del Externado, definió así al rector de su universidad: “Fernando Hinestrosa podría describirse como gran educador, humanista (categoría en vía de extinción), estudioso, disciplinado y denso expositor. Así como el maestro Echandía decía que podía darse el lujo exquisito de ser pobre, un intelectual de valía como Hinestrosa puede darse el de mirar desde su altura, con un inocultable desdén, a los poseídos por el demonio del poder.

Habiendo surgido el Externado como el refugio de los liberales radicales derrotados por Núñez - un liberal arrepentido entregado a los conservadores -, con quienes inició la “regeneración” por fuera de los sectarismos y de la militancia electoral, Fernando Hinestrosa ha mantenido su lealtad a los principios liberales, los mismos que les inculca a sus alumnos. Tolerancia, respeto al otro, separación entre iglesia y Estado, creencia en las fórmulas jurídicas para la resolución de conflictos, coherencia entre lo que dice, piensa y hace.

Éstos han sido los valores de su vida. Su liberalismo nada tiene que ver con el oportunismo reinante, ni con quienes por puestos hacen alianzas con las fuerzas de derecha; o con quienes, por las mismas razones, se hacen los de la vista gorda cuando aparecen los corruptos o los violadores de los derechos y las libertades públicas. El maestro, como lo decimos sus agradecidos alumnos, es, en fin, una afortunada síntesis de Lleras Restrepo, López Michelsen y Darío Echandía”.

El Externado, víctima del holocausto del Palacio

C.O.T.- ¿Es cierta esa opinión generalizada que existe en los círculos políticos, de que los externadistas se tomaron el poder judicial?

R.F.H.- Esa conseja se regó malsanamente y con mezquindad cuando ocurrió el holocausto del Palacio de Justicia.

C.O.T.- Ese era mi tema siguiente: el Externado sufrió una gran pérdida cuando el M-19 se tomó el Palacio de Justicia.

R.F.H.- Numerosos egresados y profesores nuestros fueron inmolados allí. Entre ex alumnos y profesores fueron doce, además de otros que resultaron heridos, pero ninguno estaba allí por intrigas o por componendas.

C.O.T.- Si me lo permite y pese a lo sensible del tema, me gustaría que me hiciera una reflexión sobre lo que significó para usted como rector, el día la inmolación.

R.F.H.- Puedo decir que partió la vida en dos. Es un sentimiento del dolor más profundo por la forma como ocurrió la muerte de todos ellos. Fue como si nos hubieran cercenado miembros del cuerpo. Pero además esa tragedia sucedió la víspera de nuestro centenario. Por eso procuro no rememorar esos hechos, no por olvidar sino por no evocar lo que me produce amargura.

C.O.T.- ¿Es por eso por lo que las ceremonias anuales en la universidad son tan discretas?

R.F.H.- Es porque no estamos explotando nuestro dolor, ni explotando a nuestras víctimas. Debemos respetarlas, e impedir indebidos aprovechamientos externos.