martes, 13 de marzo de 2012

Palabras de la Doctora Emilssen González de Cancino en el sepelio del Maestro Hinestrosa. Podcast



Van las palabras de la Doctora Emilssen González de Cancino en la despedida del Maestro Fernando Hinestrosa.



Y un podcast fallido que voy a dejar un rato aunque no se oiga muy bien.

¡Adiós Maestro, para siempre en nuestros corazones!





Hoy se va el gran hombre, hoy parte nuestro baluarte, nuestra guía, nuestro pilar fundamental. El gran jurista de Colombia, el demócrata, el liberal radical. El Maestro Fernando Hinestrosa nos deja y queremos ahora silencio, queremos paz, queremos pensar tan solo en los recuerdos de las vivencias, de las enseñanzas, de la palabra amiga, del consejo oportuno. El Maestro Hinestrosa en el sepelio de Baldomero Sanín Cano decía lo siguiente: "¡Cómo vale un hombre sin prejuicios! Cuando se observa la decadencia natural de la persona con el correr de los años, cuando se palpa a cada paso el anquilosamiento de los espíritus ... ".

Ahora repetimos sus palabras, retumbará por siempre en los muros de su Universidad, su pensamiento imperecedero y franco. Sus hijos putativos, nosotros todos, sus alumnos de siempre, mantendremos su memoria en nuestros corazones, en nuestro pensamiento, en nuestro devenir. Su legado no se extinguirá con su partida. Sus enseñanzas de disciplina personal, fortaleza de espíritu, prudencia, honradez y sabiduría permanecerán por siempre. La semilla está sembrada, este seguro que no nos perderemos en la ruta. Los principios de nuestra Casa de Estudios de libertad, tolerancia, pluralismo y solidaridad seguirán con nosotros y la llama de su legado no se apagará.

Adiós querido Rector. Un saludo de condolencia a su esposa, a sus hijos, a sus nietos. Somos huérfanos todos los externadistas, todo colombiano demócrata, todo liberal de pensamiento. Nos entristece ahora su partida. No hay palabras para describir su ausencia. El vacío que nos deja nos acongoja a todos. Este seguro sin embargo, que el barco no se detendrá, que su memoria nos alentará por siempre. "Post tenebras spero lucem" ("Después de las tinieblas vendrá la luz").

¡Gracias por todo Maestro!

Gonzalo Ramírez Cleves
Profesor Filosofía del Derecho
Universidad Externado de Colombia

domingo, 11 de marzo de 2012

Recuerdos de agradecimiento al Maestro Fernando Hinestrosa




Hoy yacerá en cámara ardiente en el Auditorio de la Universidad nuestro Maestro Fernando Hinestrosa Forero. Puedo decir con orgullo que el Rector Fernando Hinestrosa Forero marcó parte de mi devenir. Siempre me apoyó como mentor desde estudiante cuando empecé a trabajar con otro de mis maestros, el Doctor Carlos Restrepo Piedrahíta. Lo tuve como profesor en clase de obligaciones y negocio jurídico en tercer año de derecho donde puede negociar fechas de exámenes y cuestionarios como representante de mi curso. Recuerdo su satisfacción cuando le dije que el curso estaba pidiendo que se repusieran las clases de un profesor que nos dio una sola clase de Responsabilidad y daño y que nos abandonó porque consideró que no éramos dignos de sus enseñanzas. Nos nombraron al Doctor Juan Carlos Henao para que nos repusiera las clases en un hueco que teníamos. Lo que le alegró sobremanera al Rector fue que los estudiantes exigieran su derecho a la enseñanza y que en lugar de pedir que les quitaran materia, reclamaran que les enseñarán lo perdido. También ese mismo año tuve el honor de recibir de manos de Rector la Beca que se concede al mejor estudiante del año. Para mi fue un momento emocionante, especialmente porque durante ese período tuvimos clase con el Maestro de Obligaciones y Negocio Jurídico, como era tradición en la Universidad.

Otro recuerdo con el Rector lo viví en el último año de mi carrera cuando decidí lanzarme como representante de los estudiantes al Consejo Directivo de la Facultad de Derecho. Fue una experiencia grandiosa, especialmente porque tuve al maestro de cerca, escuchando a los representantes estudiantiles en un momento coyuntural bastante difícil por el cuestionamiento del Presidente Samper de haber recibido dinero del narcotráfico y la apertura del proceso "ocho mil". Durante esta época sufrió un atentado en las inmediaciones de la Universidad el profesor Antonio José Cancino y los estudiantes nos volcamos a las calles a protestar. El Rector mantuvo la calma y nos guió en esos momentos aciagos. Fui testigo también del fallecimiento del Secretario General de la Universidad, Manuel Cubides, hecho que causó consternación y tristeza en el Externado, especialmente al Doctor Hinestrosa, quien lo consideraba un gran amigo. El lema de nuestra Universidad se mantenía "Post tenebras spero lucem".

El Rector decidió apoyar mi nombre para hacer parte del programa de becarios que fomenta la Universidad, especialmente desde el año 85 cuando fueron asesinados e inmolados varios profesores de nuestra Casa de estudios en los hechos tristes del 5 y 6 de noviembre en la toma y retoma del Palacio de Justicia. Los más de cinco años de estancia doctoral en España han sido para mí los más felices de mi vida. No sólo la oportunidad de poder prepararme intelectual y académicamente, sino también personal y culturalmente. Las idas a los museos, a la ópera, al teatro y los viajes hicieron que pudiera enriquecerme como persona. Teníamos por esa época que rendir informe de nuestras actividades al Rector, y era todo un honor recibir la carta de respuesta que nos animaba a seguir con nuestras actividades y que nos pedía que nos formáramos con disciplina, pero también con alegría y goce de juventud. Decía que aprovecháramos la estancia porque la Universidad nos esperaba y nos necesitaba para enriquecer ese gran capital humano que conformamos los doctorados formados por el Rector. Ese fue uno de sus grandes proyectos, el formar una gran masa critica de profesores preparados en universidades de todo el mundo, los mejores, para que además de doctorarse construyeran vínculos con otras universidades, y el Externado siguiera internacionalizándose y proyectándose para el Siglo XXI. El Maestro era un visionario.

En mi estancia en Madrid tuve la oportunidad de verlo en varias ocasiones en sus viajes a Europa. Quería a España, pero adoraba Italia y sobretodo Roma, allí encontraba su felicidad acompañado de sus amigos estudiantes a quienes consideraba sus pares. Nos agarraba de gancho y siempre nos daba un buen consejo con una frase corta o una máxima del refranero español o del latín. El Maestro siempre daba en el clavo y uno esperaba su guía muchas veces para saber qué hacer o cómo actuar.

A mí regreso a Colombia, el Maestro me acompañó en el proceso de empezar a enseñar y continuar mi vida académica. Pendiente siempre, apoyando los proyectos y celebrando los triunfos académicos y personales como si fueran los propios. Me propuso para ser profesor de constitucional colombiano, de introducción al derecho y de filosofía del derecho para heredar la Cátedra de su gran amigo Luis Villar Borda.

Se alegró cuando supo que iba a trabajar en la Corte Constitucional y estuvo hasta el último instante apoyando el proyecto de la Maestría en Teoría del Derecho, en la que siempre creyó.

El lema de "Educación para la libertad" está ahora en nuestros corazones. El fomento de la disciplina personal, de la autonomía, de la libertad en la tolerancia son parte del ideario del Maestro Hinestrosa Forero que compartió con pensadores como Kant o Isaiah Berlin.

Estamos ahora ante el hecho inevitable de su muerte. Lo lloramos todos, lo recordamos como el gran Maestro, pero también como el compañero y amigo. El que nos aconsejó y ayudó y el que a partir de su ejemplo nos enseñó cuál era la ética o la deontología del abogado externadista. El de tener siempre en cuenta los principios de lealtad, disciplina personal y honradez, el de no ceder ante la ambición o ante las tentaciones del poder o de la fama. Fernando Hinestrosa Forero nos deja a todos sus alumnos su legado: esta gran universidad de la que hacemos parte y la que ahora lamenta profundamente su partida.


Gonzalo A. Ramírez Cleves
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad Externado de Colombia

sábado, 10 de marzo de 2012

In memorian de los profesores inmolados en el Palacio de Justicia, Bogotá, 9 de noviembre de 1985.


Uno de los discursos más duros que tuvo que dar el Rector Fernando Hinestrosa fue el del 9 de noviembre de 1985 despidiendo a los profesores inmolados en el Palacio de Justicia. Momentos tristes de Tinieblas que después logramos superar. Se implementó el Programa de becas para reemplazar a los profesores caídos, el Externado se fortaleció en espirítu. La pérdida y el dolor fueron grandes en aquella ocasión y logramos salir de nuestra desolación con nuestro ideario externadista guiados por el Rector. Los dejo con las palabras del Maestro Fernando Hinestrosa:

Estamos afectivamente destrozados; no podemos aceptar el absurdo de lo ocurrido: nos rebelamos antes la realidad fatal...
Hace cien años nuestros próceres fundaron este Externado como refugio de la libertad de pensamiento, forja de ciudadanos, templo de rectitud y de fortaleza de carácter, en momentos en que el oscurantismo y la intolerancia se enseñoreaban en el país, y ahora, cuando nos preparábamos jubilosos a conmemorar nuestra efemérides, exhibiendo con orgullo la hoja de servicios a la nación de la Universidad y des sus gentes nos encontramos, súbita, abruptamente, delante de las cenizas de ocho profesores de la Facultad de Derecho, cinco de ellos antiguos alumnos de este claustro, sacrificados con crueldad inimaginable en crimen atroz y repugnante: el atentado más aleve y absurdo que pueda registrarse en los anales de nuestra historia contra las instituciones y quienes las representan.
Sentimos dolor en todo nuestro ser, tristeza, desconcierto, amargura, desolación, pesadumbre de patria, de universidad, de familia. Estamos afectivamente destrozados; no podemos aceptar el absurdo de lo ocurrido; nos rebelamos ante la realidad fatal; quisiéramos despertar de esta horrible pesadilla.
Uno a uno han discurrido en fila interminable, reverentes y sobrecogidos, los profesores, los compañeros, los colegas, los alumnos, los amigos de los ilustres desaparecidos, con respeto, unción y solidaridad, sin poder contener el llanto, venidos de todos los lugares de la patria, atribulados e incrédulos.
Alfonso Reyes Echandía, Carlos Medellín, Manuel Gaona, Fabio Calderón Botero, Emiro Sandoval, fruto genuino y munífico de esta Casa; Ricardo Medina Moyano, José Gnecco Correa, Darío Velásquez Gaviria, catedráticos compenetrados con su espíritu; perdidos todos para la juridicidad, para la cátedra, para la amistad, para el calor de sus hogares.
Juristas distinguidos, hombres de letras, consejeros prudentes y sabios, investigadores profundos, amigos leales, esposos y padres amorosos, tiernos, severos. Juntos anduvieron en el desempeño pundonoroso y recto de su oficio de jueces, juntos fueron inmolados y yacen aquí como un clamor a la conciencia nacional, como una campanada de alarma que intenta despertar a una opinión frívola, dispersa, fatua; suplicantes, no por sus vidas, sino por la supervivencia del ser republicano de Colombia, por la vuelta a su identidad, por el imperio del derecho y de la justicia, lucha que constituyó la razón de su vida y también de su muerte.
"Honeste vivere, alterum non laedere, ius suum quique tribuere, esta trilogía lapidaria, añeja ya de muchos siglos, sigue siendo hoy el paradigma de equilibrio social. El desconocimiento de tales principios, fruto de milenaria experiencia, ha sido fuente de profunda perturbación y conflictos [...] Porque la justicia es orden social; pero no ha de entenderse ni practicarse como el orden que impone el fuerte sobre el débil, el dominador al dominado, sino como ingenioso mecanismo creado por el hombre desde el poder para garantizar el tranquilo desarrollo de sus actividades interpersonales y comunitarias". Así se pronunciaba sentenciosamente Alfonso Reyes Echandía, a comienzos de este año, al agradecer el homenaje que sus compañeros externadistas, le tributamos por su exaltación a la presidencia de la Corte Suprema de Justicia. "En una Colombia atribulada por hondos padecimientos éticos, económicos, subsisten aún dos valores capaces de rescatarla: el pueblo y los jueces; en aquél está la esencia de la patria; orgullo, autenticidad, valor, sacrificio y amor; en éstos, la probidad, el equilibrio conceptual y la serena entrega del cumplimiento suprema del deber de juzgar, sin otras armas que las inmateriales, de la ley, sin más protección que el escudo invisible de su propia investidura", agregaba, consciente de la fragilidad de la existencia humana, al propio tiempo que de la solidez de sus obras, afirmadas en la rectitud y la entereza del carácter.
Estremecidos recogemos esas definiciones y criterios, porque en ellos encontramos, removiendo las cenizas de los magistrados inmolados, un rescoldo de esperanza, un imperativo de conducta individual y colectiva, a perseverar obsesiva y paciente, pertinazmente en la creencia de la bondad del ser humano, en la posibilidad de que Colombia sea patria para todos sus hijos, en la realización de los ideales de entendimiento, de fraternidad, de dignidad de la vida.
(...)
A tantos colegas, pero sobre todo a los jóvenes y, en especial, a los estudiantes, vaya una exhortación ahincada a recoger las armas de la juridicidad que yacen al pie de los cadáveres de nuestros colegas, a montar guardia para que no penetren jamás en nuestros corazones y ánimo, ni la cobardía, ni la venalidad, ni el oportunismo. Nuestra Universidad ha sido diezmada por el crimen, y no por la casualidad; los invito a que volvamos sobre nosotros mismos, a que la proximidad y la intimidad que imponen el dolor y la aflicción de la pérdida de los seres queridos estreche los lazos que nos unen; a que cerremos filas en torno de los valores que nos son caros, que heredamos, que aprendimos de nuestros maestros, que profesaron sin vacilaciones ni debilidades estos catedráticos, juristas y magistrados.
Tenemos que superar el sentimiento de orfandad que nos agobia; tenemos que formar con esfuerzo ingente los cuadros que hayan de llenar los vacíos que lamentamos; habrá lugar a trabajo con denuedo, con fervor, con entusiasmo, con fe en la juventud, con esperanza en ustedes queridos estudiantes, cuyo dolor ha de convertirse en afán de superación de sus maestros, siguiendo el ejemplo legado por ellos.
¡Adelante! Tenemos principios, valores, guías, ejemplos, y el apremio de recobrar una patria que se nos está yendo de las manos; tutelémosla para no tener que mendigar mañana a cualquier matón la dádiva de poder seguir siendo colombianos, ni llegar a sentir vergüenza de serlo.
Adiós Carlos, amigo de siempre, fraterno, sincero, leal: la estética del derecho con que se abrió tu carrera profesional presidió tu conducta hasta el último día. Adiós Alfonso: su comportamiento será siempre un ejemplo y un estímulo para todos nosotros; su Instituto de Derecho Penal perpetuará su nombre y sus discípulos continuarán su labor. Adiós Manuel: el roble que usted sembrara en aniversario de su promoción crecerá y a su sombra muchos jóvenes sucesivos estudiarán la teoría constitucional en su libro y la práctica en su desempeño. Adiós Fabio, condiscipulo invariable, compadre generoso. Adiós Emiro: cómo sentimos tu partida prematura, cuando comenzaba a rendir el zumo de esfuerzos y sacrificios ingentes; cuántas glorias le esperaban. Adiós Ricardo; adiós Pepe; adiós doctor Darío. Gracias por los dones de su amistad, su consejo y su respaldo. Mas todos seguirán viviendo porque los evocaremos con cariño y reconocimiento y las nuevas generaciones oirán continuamente a sus mayores referirse a ustedes como hombres de bien, valores genuinos de Colombia.
Gracias a las familias de nuestros caros finados por habernos permitido albergar sus féretros con el fin de tributarles nuestro postrer homenaje fraternal y filial, y compartir sus sentimientos en solidaridad absoluta.
¡Guardemos nuestra aflicción y alistémonos para continuar la marcha!
In memorian de los profesores inmolados en el Palacio de Justicia, Bogotá, 9 de noviembre de 1985.

Los que se han ido - Fernando Hinestrosa Forero en el sepelio de Baldomero Sanín Cano


Uno de los más bonitos discursos de despedida fue el que dio el Rector Fernando Hinestrosa a los 26 años ante el féretro del Maestro Baldomero Sanín Cano en Representación de los Profesores del Externado. Sus palabras las podríamos tomar ahora para hablar de su propia vida y enseñanzas por el hecho de su muerte. Los dejo con el discurso fúnebre que pronunció el Rector conmovido en aquella ocasión:
¡Cómo vale un hombre sin prejuicios! Cuando se observa la decadencia natural de la persona con el correr de los años, cuando se palpa a cada paso el anquilosamiento de los espíritus, se aprecia en todo su alcance la permanente frescura intelectual de Sanín Cano.

El Maestro Sanín Cano ha muerto. Sus amigos y admiradores nos hemos congregado para despedir a quien fuera una de las más auténticas glorias de la nacionalidad colombiana. Os dirijo la palabra en nombre del Externado de Colombia, Universidad que tuvo la honra de contarlo entre sus profesores, y prevalido del entrañable afecto que desde mi cuna le profesé a ese varón ilustre. Su recuerdo se me pierde en la penumbra de la infancia. Era el amigo de la casa, de conversación erudita, que nunca olvidaba unas palabras tiernas para el niño. Más tarde buscando conocimientos encontré sus libros en la biblioteca paterna y, cuando menos, cada lunes leía sus artículos de periódicos. Así, al afecto de la familia se sumaron el respeto y la admiración conscientes y profundos.
Fue Sanín Cano un hombre extraordinario. Físicamente su figura parecía tallada en piedra; sus rasgos eran recíos y su vitalidad daba la impresión de haber vencido al tiempo, de que no sólo las creaciones de su espíritu, sino también su propio cuerpo trascendía la limitación temporal del hombre. Pero no es su longevidad admirable, ni la profusión y la profundidad de sus obras, ni su incalculable influencia sobre las letras colombianas lo que más admiramos en el Maestro. Lo que pasma, los que nos hace lamentar más hondamente su desaparición, es su propia personalidad. su exacta dimensión humana.
¡Sanín Cano fue un hombre que se hizo a sí mismo, y qué tan cabalmente se forjó! Maestro de escuela, fue siempre un estudiante. Lector infatigable, escritor sin desmayos, animador de movimientos literarios. Su vida es un ejemplo de constancia, de amor a la cultura, de patriotismo desvelado.
¡Cómo vale un hombre sin prejuicios! Cuando se observa la decadencia natural de la persona con el correr de los años, cuando se palpa a cada paso el anquilosamiento de los espíritus, se aprecia en todo su alcance la permanente frescura intelectual de Sanín Cano. Jamás temió a las ideas. Quizá cuanto más avanzadas con mayor avidez las estudiaba. Su vida fue un contante combate espiritual. Liberal por principios. Sus noventa y seis años fueron una lección de amplitud de criterio, de fe en la renovación de los sistemas, tanto estéticos como sociales, de continuidad con su pensamiento y de respeto de las ideas ajenas.
Con sus virtudes, con la austeridad de su vida, con la frialdad de su estilo, con su dignidad esencial, conquistó espontáneamente el apelativo de "maestro" ¿Cómo podría habérsele llamado de otro modo? Todos cuantos nos acercamos a él, quienes gozamos de su conversación serena, reposada, siempre animada con algún gracejo: así como quienes leímos sus múltiples y siempre sustanciosos ensayos, hemos de reconocer que su contacto infundía respeto, se sentía uno penetrado de su recia personalidad. Siempre había algo que aprender en él; siempre de él se obtuvo enseñanza.
Poseía sin duda el elixir de la vida. Fue un hombre que supo vivir. Sin boato, sin ostentaciones, modestamente, pero con toda dignidad, su larga existencia la consagró por entero al servicio de la cultura. Su mente se mantuvo siempre joven. Nunca se detuvo en sus investigaciones. Anhelante buscaba en varias leguas lo nuevo, la verdad presente, la más cabal expresión del pensamiento contemporáneo.
Impresionaba la seriedad de sus páginas, la austeridad de sus figuras. Tal vez su única pasión fue la de lo nuevo. Extraño que el calor del trópico, con el ardor de sus gentes, tan propensas en todo a la exageración del colorido, produjera a un escritor de tanta precisión, de tamaña madurez, de tan hermosa sobriedad.
Es Sanín Cano una auténtica expresión colombiana. Vitalmente fuerte como su raza antioqueña, moralmente fuerte, firme como el que más es su credo democrático, prístinamente liberal. Perteneció a la generación radical: hombres buenos, intransigentes en la conducta, amplios en el pensamiento, honestos en todos sus actos y en todas sus ideas. Rindió su vida cuando en la patria amanece un día esplendoroso de libertad, en la que confió sin vacilaciones y por la que luchó con desvelo. Su recuerdo de hombre probo y de hombre siempre joven ha de ser imperecedero en nuestros corazones.
Adiós querido Maestro.

Palabras a nombre de los profesores universitarios, en el sepelio de Baldomero Sanín Cano, Cementerio Central, 13 de mayo de 1957. Fernando Hinestrosa Forero.

Murió el Maestro Fernando Hinestrosa


Adiós Rector Hinestrosa. Más de cuatro generaciones compartimos ahora el dolor de su partida. Sabio, recio de carácter, austero, solidario, y bueno. Son pocos los epítetos que caben para un hombre excepcional. Todo externadista, colombiano demócrata, liberal de pensamiento estará triste el día de hoy. Nuestra Universidad, su casa de siempre, esta da luto. No hay palabras para describir su ausencia. Sembró la semilla. Nos dejo sus enseñanzas y ejemplo. El barco no se detendrá su memoria nos alentará por siempre. Encontraremos la Luz después de la oscuridad “Post tenebras spero lucem”. Gracias Maestro.

Adiós Maestro


Algunos enlaces:

- Discurso para recibir el Honoris Causa por la Universidad de Paris II aquí.

- Entrevista de la W para felicitarlo por su Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Paris II. Uno de los momentos más felices para el Rector:


- Su llegada al Externado tras recibir dicha distinción:


- Su último discurso al recibir a los estudiantes de primer año de 2012


- Entrevista a la Doctora Emilssen González de Cancino sobre el Doctor Hinestrosa en la W aquí.